
La Antártida fue escenario del primer viaje recreativo organizado en 1958 por la Argentina, cuando un buque partió desde Ushuaia con cien pasajeros. Sin embargo, décadas después, países como Chile y el Reino Unido pasaron a dominar tanto la actividad turística como el relato que reciben los visitantes.
El inicio marcó un hito histórico. En enero de 1958 el transporte naval Les Eclaireurs realizó el primer viaje turístico al continente blanco, abriendo un camino inédito a nivel mundial. El impacto fue inmediato. Cientos de personas manifestaron interés en participar de nuevas expediciones, consolidando a Argentina como pionera en el turismo antártico.
El componente simbólico fue clave. La experiencia fue entendida también como un acto de presencia y soberanía, en un territorio de alta relevancia geopolítica. El continente tiene valor estratégico global. La Antártida concentra el 70% del agua dulce del planeta y funciona como laboratorio climático, con registros de más de un millón de años.
El marco legal internacional ordenó su uso. Desde 1961 rige el Tratado Antártico, que limita el territorio a fines pacíficos y científicos, con participación fundadora de Argentina. La logística sostuvo la presencia nacional. El país mantiene bases y operaciones a través del Comando Conjunto Antártico, encargado del abastecimiento y traslado de personal.
El liderazgo turístico cambió con el tiempo. Chile y el Reino Unido avanzaron en la oferta de excursiones y en la construcción del relato turístico, desplazando a Argentina. El desafío actual es recuperar protagonismo. El turismo antártico combina soberanía, ciencia y desarrollo económico, en un escenario donde la competencia internacional es cada vez mayor.