
Ases del Camino MC: 30 años de ruta, códigos y hermandad en Rosario
En la zona sur de Rosario funciona uno de los motoclubes más antiguos de la ciudad. Se trata de Ases del Camino MC, un espacio donde la moto es pasión, la ruta es escuela y los códigos son ley.
Por Martín Di Prinzio

Con más de tres décadas de historia, el club mantiene viva una forma de entender el motociclismo basada en el respeto, la organización y la hermandad.
En diálogo con Primera Plana Rosario.com, los integrantes de la mesa directiva, cuentan cómo nació el club, qué significa ser parte de un Moto Club (MC) y cómo se vive hoy esta cultura que va mucho más allá de subirse a una moto.
—Para empezar, ¿qué es un Moto Club y cómo surge Ases del Camino en Rosario?
—Ases del Camino nace hace unos 30 años, acá en Rosario, con un grupo de cuatro amigos que simplemente salían a viajar. No había reglas, ni estructura, solo ganas de andar en moto. Con el tiempo ese grupo fue creciendo, se fue formando un ambiente y apareció la necesidad de organizarnos. El nombre surge justamente por esos cuatro amigos iniciales, los “cuatro ases del camino”.
—¿Qué diferencia a un M.C. de otros grupos de motos?
—Un MC tiene una estructura que es igual en todo el mundo. Hay reglas internacionales, cargos, rangos y responsabilidades. El chaleco es nuestra identificación: tiene un rocker superior con el nombre del club, uno inferior con el país, y el emblema en el centro. No es solo estética, es identidad y pertenencia.
—¿Cuántos integrantes tienen actualmente?
—En Rosario somos diez miembros activos. El mínimo para ser MC son seis. Antes de llegar a ese estatus hay un proceso: primero se pasa por Moto Amigos (MA), después por Grupo de Motos (MG), y recién con el tiempo y la experiencia se puede llegar a ser MC. A eso le llamamos “hacer carrera”.
—¿Qué implica hacer carrera dentro de un club?
—Implica aprender códigos, respetar reglas y entender cómo se maneja el club, tanto adentro como en la ruta. Hay un lenguaje de señas, formaciones para viajar, normas de seguridad. Todo eso se aprende con el tiempo. Nadie entra y al otro día es miembro pleno.
—¿Cualquiera puede acercarse al club?
—No hay discriminación ni barreras de entrada. El que quiere ser parte tiene que acercarse y decirlo. Los colores no se ofrecen, se ganan. Primero sos “support”, después “hang around”, y recién más adelante podés aspirar a entrar formalmente. También es importante que el club te guste a vos, no solo al revés.

—¿Cómo es la organización interna?
—Tenemos cargos como cualquier institución:
Presidente: Javier Fumei
Vicepresidente: Franco del Mastro
Tesorero: Germán Ronchini
Secretario: C. Caballero
Sargento de Armas: José Luis Hernández
Capitán de Ruta: Patricio O’Duyer
Cada cargo tiene responsabilidades claras. El Capitán de Ruta, por ejemplo, se encarga de la organización de los viajes, el estado de las motos y el cumplimiento de los protocolos en la ruta.
—Justamente, los viajes parecen ser el corazón del club…
—Totalmente. Organizamos el año entero en función de los viajes y los aniversarios de otros clubes del país. Vamos a Mar del Plata, Entre Ríos, Misiones, Corrientes, Chaco. Son encuentros hechos por y para motociclistas. Ahí se respira otro clima, porque todos manejan los mismos códigos.
—¿Qué se vive en la ruta que no se puede explicar fácilmente?
—La hermandad. Pasás frío, lluvia, calor, niebla, problemas mecánicos. Te puede pasar de todo. Pero cuando llegás, el abrazo con tus hermanos lo dice todo. Cada viaje deja una anécdota distinta. Eso no se compra ni se explica: se vive.
—Hay muchos prejuicios sobre los motoqueros. ¿Cómo conviven con eso?
—Siempre existieron. La imagen violenta viene de películas y series. La realidad es otra. Somos solidarios, respetuosos y muy de barrio. Cuando llegamos a un lugar, al principio el vecino desconfía, después nos conoce y nos adopta. Terminamos siendo parte del barrio.
—¿Realizan acciones solidarias?

—Sí, mucho, sobre todo dentro del ambiente. Cuando un motociclista tiene un accidente lejos de su casa, los clubes se organizan para ayudar: traslados, internaciones, asistencia a la familia. La solidaridad en la ruta es clave, porque mañana te puede tocar a vos.
—Una condición clave de los MC es tener una casa club. ¿Por qué?
—Porque cualquier motociclista que pase por la zona tiene que tener un lugar donde dormir, bañarse o parar si lo necesita. Es una regla básica a nivel mundial. Así como nosotros somos recibidos en otras ciudades, acá hacemos lo mismo.
—¿Qué requisitos se piden en cuanto a las motos?
— Lo primer es venir a comer un asado con nosotros. (risas) Cada club tiene su reglamento interno, pero en general se exige una cilindrada mínima de 250 cc para viajar en ruta con seguridad. Igual todos empezamos de abajo. Lo importante no es correr, sino viajar mejor y más seguro.
—Después de 30 años, ¿qué sigue moviendo al club?
—La pasión. Las motos, la ruta y la hermandad. Hoy somos más tranquilos, más selectivos. Una noche típica es un asado, una charla y compartir. Aprendimos de errores del pasado y hoy priorizamos estar bien y disfrutar.
—¿Cómo puede la gente contactarse con ustedes?
—Estamos en redes sociales. Desde ahí pueden escribirnos, conocer lo que hacemos y contactarse. Todo está abierto para el que tenga interés genuino.
Con historia, códigos y kilómetros recorridos, Ases del Camino MC sigue firme en Rosario, demostrando que el motociclismo es mucho más que una moto: es identidad, respeto y camino compartido.