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¿Son posibles sociedades felices?

A pesar de que todos lo deseamos y nos empeñamos en alcanzar, los resultados son desastrosos, ¿o alguien conoce la ubicación de Shangri - La?

¿Son posibles sociedades felices?

A pesar de que todos lo deseamos y nos empeñamos en alcanzar, los resultados son desastrosos, ¿o alguien conoce la ubicación de Shangri - La?

Por Hipólito Fernando Ghiglione

 

Todos tenemos ese objetivo común, no así los medios que proponemos para lograrlo, que se evidencian en las diferentes opciones de vida, una elección individual. 

Entonces, ¿no deberíamos preguntarnos por el porqué de cada elección en particular? Generalmente, nos la hacemos y no dudamos de la honestidad de la respuesta que nos damos, porque ella es consecuente con mis intereses personales y mi visión de la realidad. 

He aquí el dilema: ¡la respuesta!, porque además, desde un punto de vista social, debería vincularse con lo que entendemos y denominamos valores morales o actitudes éticas que, ¿son?, aceptadas universalmente. Recordemos que tanto moral como ética derivan de “costumbre”, por eso a veces son usadas indistintamente.

Así las cosas, ¿no deberíamos preguntarnos además sobre qué valores fundamos nuestras opciones de vida? Pregunta trascendental, ya que en mi opción de vida subyace el deseo de vivir una sociedad acorde a mis valores morales (a desarrollar próximamente). En principio podemos entenderlo como lo conforme al Bien y mediante lo cual todos alcanzaremos la felicidad, entendiéndose como un estado de ánimo que sentimos cuando obtenemos un cierto Bien y no como una “cosa” que poseeremos para siempre.

Además, ese hombre necesariamente establece relación con sus semejantes, resultando de este modo la inevitable y compleja relación individuo-sociedad y de cómo esta debe organizarse. 

Entonces, ¿por qué se producen distintas interpretaciones y versiones de una única realidad?, valoraciones que nos llevan a optar por una determinada forma de vivir. Se evidencia en dicha elección el sentido que le otorgamos a nuestra vida y ese sentido está fundado en valores humanos, lo que nos lleva a preguntarnos por nuestra esencia, lo que nos hace ser lo que somos, hombres, y el “para qué” estamos en este mundo. ¿Qué somos los humanos?, ¿un fin en sí mismo?, ¿una entidad única e irrepetible, libre y responsable de su propia vida?, que se guía por un interés egoísta entendido como propio interés.

Siguiendo a Hobbes y Espinoza, y limitado por “el proyecto de vida del prójimo”, según Benegas Lynch (h), o al contrario un medio dependiente para la búsqueda de objetivos comunes, mediante actos altruistas como deber moral que, al entender los intereses de la comunidad, se está atendiendo a los intereses propios. Esta oposición surge de conceptualizar erróneamente la interdependencia social de los individuos. No existe tal oposición, ya que la cooperación se funda en intereses individuales, porque si esta resulta de una imposición externa, es entonces una obligación.

Ambos planteos han sido, son y serán por siempre temas de inacabables debates que conducen a diversas conclusiones y propuestas, siendo llamativo el hecho de que todas coinciden en pretender haber hallado el camino a la felicidad. 

Seamos pragmáticos, observemos resultados. En esta mirada crítica evaluemos según un principio lógico que, en su forma física llamamos causa- efecto: porque hay hombres, ¿hay sociedad? o porque hay sociedad, ¿hay hombres?, ¿cuál de ellas es la causa y cuál es el efecto? 

Queda claro que son los hombres los que conforman la sociedad, y siendo así, solo con hombres autorrealizados será posible una sociedad en convivencia feliz. 

Hemos establecido así un principio fundamental: En toda sociedad cada individuo es al mismo tiempo, medio y fin de esta.

Fuente: https://primeraplanarosario.com

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